Estoy seguro en este lugar

Con “La chata” realizo un par de disparos como un pistolero del viejo oeste, al escuchar ese ruido característico, se detiene el tiempo y plasma el rostro de aquellas personas que sobreviven en las calles de la Ciudad de México.

Rosalio Ramos Bautista / Fotografo y redacción

“El recuerdo de mi niñez… es vivir en una casa hogar para niñas y siempre vivir sufriendo en ese lugar, un tipo alto y gordo me maltrataba por cualquier cosa; tomé la decisión de escaparme a los cinco años”, así lo compartió en una entrevista “Toñita”, una mujer que ronda los 80 años y vive en la calle 5 de Febrero en el Zócalo de la Ciudad de México.

“Toñita” / Fotógrafo Rosalio Ramos Bautista

“Las cicatrices que llevo en mi cuerpo y en mi alma las luzco con orgullo, porque demuestran que he sobrevivido las más graves y profundas heridas que la vida me ha infringido” (frese: autor desconocido)

Rosalio Ramos Bautista / Fotógrafo

Es ahí que mi mente se inquieta con la vida y formula una serie de preguntas que están en lo más cotidiano de la sociedad ¿Será verdad aquello que dicen del destino? ¿Nacemos con él?, ¿Se puede modificar? ¿Dios quiso que tuviera esta vida? El poder se encuentra en nuestras manos para modificar eso que nombran destino.   

Rosalio Ramos Bautista / Fotógrafo.

Una vez más me encuentro recorriendo las calles en la ciudad de México con “La chata” (es mi cámara fotográfica), en el camino me percato de personas con la misma situación de “Toñita”, y como un pistolero del viejo Oeste, realizo un par de disparos, escuchar ese ruido característico del espejo de la cámara es gratamente excitante. Imaginas que tienes el mejor encuadre y que la fotografía va a estar estupenda… sin embargo de repente escucho susurros de aquellas personas que la chata capturó en un haz de luz opaco y ciego: “Qué mierda se debe de enterar el mundo dónde vivo”, “Yo estoy feliz aquí”, “Dejas de tomar fotografías, o no la contaras”.

Rosalio Ramos Bautista / Fotógrafo
Rosalio Ramos Bautista / Fotógrafo

Una revolución de ideas se presentó en mi mente y recordé eso que la sociedad le nombra destino; rápidamente guardé a “La Chata” mientras caminaba lentamente alejándome del lugar tan insipiente. Al cruzar avenidas y calles, recordé aquella vez que mi padre me enseñó a manejar una de las herramientas más antiguas de la agricultura “el arado”, es ahí de la frase. “El gusano perdona el ardo que lo corta” (William Blake).

Rosalio Ramos Bautista / Fotógrafo
Rosalio Ramos Bautista / Fotógrafo